Macará: el orgullo de Ecuador nacido hace 307 años en la frontera sur
Pese a su importancia estratégica, enfrenta abandono estatal, desempleo y falta de obras básicas; reclama atención gubernamental y la creación de una zona franca que impulse su desarrollo.

En el corazón de la geografía austral, donde el río Macará teje el límite natural entre Ecuador y Perú, se levanta una tierra de hombres y mujeres valientes, de comercio vibrante y de un orgullo inquebrantable. Hablar de San Antonio de Macará no es solo hablar de un punto estratégico en el mapa; es desenterrar una historia que comenzó a escribirse hace más de tres siglos, el 4 octubre de 1719, cuando el capitán español Juan Felipe Tamayo del Castillo consolidó los cimientos de nuestro pueblo; esta fecha, por resolución unánime del concejo municipal de 2019, se la conmemora el 26 de octubre de cada año, con el propósito de honrar la firma de la paz entre Ecuador y Perú realizada en Itamaraty Brasil, en la misma fecha por los presidentes Jamil Mahuad y Alberto Fujimori y que significa otro acontecimiento de singular importancia para la frontera sur del Ecuador.
Las raíces de Macará se hunden en un pasado colonial de resistencia y adaptación. Los registros históricos relatan que el asentamiento inicial se fundó con apenas 102 habitantes, una pequeña comunidad que desafió el clima árido y el aislamiento de la época. Aquel puñado de almas no solo sembró cultivos; sembró la semilla de una comunidad que, con el paso de las décadas, se convertiría en el principal centinela de la soberanía ecuatoriana en el sur.
Ser la frontera sur ha moldeado el presente de Macará. Lejos de ser una barrera, la frontera se transformó en un puente. A lo largo de los siglos, los macareños desarrollaron una resiliencia única, superando conflictos internacionales, sequías y el olvido estatal, convirtiendo el intercambio comercial y cultural con el norte peruano en su motor de vida. Sus raíces son, por lo tanto, una mezcla de hospitalidad profunda y una fortaleza inquebrantable.
Hoy, más de 307 años después de aquel octubre fundacional, Macará ya no es el pequeño caserío colonial. Es un cantón próspero, famoso por sus arrozales, cultiva el mejor arroz del mundo; su clima cálido y su rol crucial en la integración binacional.
Macará, es el resultado de una labor perseverante que hombres y mujeres propios y extraños realizaron con una sola meta, el adelanto de su tierra, los mismos que con un profundo significado de identidad no descansaron por aportar día a día el cumplimiento de este sueño. Por tal motivo es importante mencionar a distinguidos personajes que en diferentes ámbitos contribuyeron a tan anhelado desarrollo: Juan Felipe Tamayo del Castillo, Juan Otamendi, Manuel Enrique Rengel, Carlos Arrobo Carrión, Víctor Hugo Correa Bustamante, Manuel Darío Suquilanda Román, Manuel Darío Suquilanda Arias, Luís Felipe Román Jaramillo, Luís Ernesto Román Jaramillo, Manuel Suquilanda Valdivieso, Carlos Rafael Román Hinostroza, Carlos Veintimilla, Juvenal Jaramillo, Alfredo Vaca Mora, Francisco José Correa Bustamante, Virgilio Ojeda Vélez, Víctor Valarezo, Walter Rodríguez, Benigno Granda, Arturo Román, Arturo García, Otto Mora, Javier Campoverde, Salvador Jaramillo, Marco Factos, entre tantos y a las damas: Amada Carrera Ramírez, Lila Bravo Román, Estela Campoverde Gallo, Amada Gallo, Celia Valdivieso Muñoz, Esperanza Álvarez Valdivieso, entre otras.
La construcción del Centro Binacional de Atención Fronteriza CEBAF, es un paso más a la integración con el hermano pueblo peruano, que necesita la acción de los gobiernos para ser una ZONA FRANCA, que permita un libre comercio. Por esta razón, ante las restricciones impuestas en la frontera, sería deseable que el gobierno nacional se preocupe por MACARÁ, que hoy se encuentra abandonado y sufre por la falta de trabajo y por obras básicas para poder supervivir con dignidad.





