METAFORAS “Es la luz que ilumina mis días”
La verdadera luz es aquella que ilumina nuestro interior, guía nuestras emociones y da sentido a la vida a través del amor, el conocimiento y las personas que nos inspiran.

Si bien el diccionario define la luz como el agente físico que hace visibles los objetos, o como la claridad que irradian los cuerpos en combustión, ignición o incandescencia, aquí nos referimos a aquel elemento que, por su naturaleza, se hace visible a sí mismo y genera un efecto profundo en quienes la contemplan. Es decir, se hace notar y revela la presencia —o ausencia— de otros.
El acto de iluminar, por tanto, es una acción que permite dotar de claridad a un espacio, un objeto o una situación. Si algo caracteriza al día en el mundo entero, es su luminosa presencia: los colores, la visión nítida y, con ello, las acciones permitidas o vedadas, las distancias y los encuentros, el entusiasmo o su ausencia. Si ha habido un reto que desafió a generaciones, ese ha sido lograr la iluminación mediante la creación de luz artificial.
Diversas figuras históricas marcaron este camino:
• Humphry Davy: creó el primer arco voltaico con una tira de carbón y pilas en 1809.
• Joseph Swan: físico inglés que desarrolló un diseño de bombilla con filamento de papel antes que Edison.
• Thomas Edison: perfeccionó el filamento y creó la primera bombilla comercialmente viable y duradera en octubre de 1879.
• Nikola Tesla: desarrolló la corriente alterna, clave para transportar energía eléctrica a grandes distancias e iluminar ciudades. Más allá del origen, la luz natural o su símil artificial, existe un fenómeno orgánico que permite que cada célula del cuerpo humano funcione de manera distinta; más aún, que funcione mejor.
En nuestro organismo se desencadena una cascada de eventos neuroquímicos y eléctricos que hacen posible la vida misma y su disfrute. Es aquella luz interior que depende de elementos externos, como la presencia de algo o alguien: un recuerdo, un pensamiento o una enseñanza. Es la claridad que aporta el conocimiento de un padre o un maestro a un hijo o alumno; es la ayuda que brinda lucidez en medio de una crisis para identificar el camino; es la guía que orienta nuestras emociones en los senderos de la vida.
La existencia suele brindarnos oportunidades diarias para encontrar acciones, condiciones o personas que despierten, como la luz del día, momentos intensos que tornan la vida trascendente. Sean hijos, padres, hermanos, amigos o pareja, todos aquellos que, con su sola presencia, se convierten en nuestra «luz». Si identifica esa luz exterior que ilumina su interior, sígala; solo podrá hacerle bien. Como decía Martin Luther King: «La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad; solo la luz puede hacer eso».







