Carlos Eduardo Jaramillo Castillo: el poeta que llevó a Loja en el corazón y dejó su nombre en la historia literaria del Ecuador
Fue reconocido por ser un referente ineludible de la memoria cultural de nuestra patria y hoy se conmemora su legado

El reconocido poeta, jurista y académico lojano falleció a los 94 años en Guayaquil, ciudad donde desarrolló gran parte de su vida. Ganador del Premio Nacional Eugenio Espejo en 2007, deja 17 obras poéticas publicadas, dos inéditas y una trayectoria que trascendió el ámbito literario. Su familia recuerda con profundo afecto al hombre humilde y cercano que, pese a la distancia, nunca perdió sus vínculos con su tierra natal.
La distancia nunca rompió el vínculo de Carlos Eduardo Jaramillo Castillo con su tierra natal. Aunque a los 29 años dejó Loja para establecerse en Guayaquil, donde construyó su vida familiar y profesional, sus raíces permanecieron ligadas a la ciudad que lo vio nacer.
El reconocido poeta, jurista y académico falleció la noche del lunes 12 de octubre de 2026, aproximadamente a las 23h00, a los 94 años de edad. Su partida se conoció públicamente al día siguiente y causó pesar entre familiares, amigos y representantes del ámbito cultural ecuatoriano, que hoy recuerdan su extensa trayectoria y el legado que deja a las letras nacionales
Su partida deja un profundo pesar entre familiares, amigos y representantes del ámbito cultural ecuatoriano, pero también una valiosa herencia literaria. Jaramillo Castillo no solo fue un destacado poeta, sino también un reconocido jurista, magistrado y docente universitario que supo combinar el rigor del derecho con la sensibilidad de las letras.

Nacido en Loja en 1932, desde temprana edad encaminó su formación hacia el conocimiento y las humanidades. Inició sus estudios superiores en su ciudad natal y posteriormente los culminó en la Universidad Central del Ecuador, en Quito. A los 29 años se trasladó a Guayaquil, ciudad que se convertiría en su lugar de residencia durante más de seis décadas y en escenario de una importante etapa de su producción literaria.
Una vida entre la justicia y la poesía
Su trayectoria profesional estuvo marcada por el ejercicio del derecho. En Guayaquil alcanzó importantes responsabilidades dentro de la administración de justicia, llegando a desempeñarse como ministro juez de la Corte Superior de Justicia.
Paralelamente, dedicó varios años a la formación de nuevos profesionales como catedrático de la Universidad de Guayaquil, institución en la que ejerció la docencia hasta su jubilación, en el año 2000.
Sin embargo, sus responsabilidades profesionales nunca lo alejaron de la escritura. La poesía fue una constante en su vida, una forma de expresar sus pensamientos, experiencias y reflexiones sobre la condición humana.
Según información proporcionada por sus familiares, su producción literaria comprende 17 obras poéticas editadas y otras dos que permanecen inéditas, testimonio de una dedicación a las letras que mantuvo a lo largo de su existencia.

Entre sus trabajos se encuentra Blues del Puerto, una obra de carácter autobiográfico en la que, mediante poemas, recoge experiencias y recuerdos relacionados con su llegada y permanencia en Guayaquil. A través de sus versos, el escritor dejó constancia de vivencias personales que forman parte de su historia y de su relación con la ciudad que lo acogió.
El reconocimiento a una trayectoria excepcional

Su aporte a la literatura ecuatoriana alcanzó uno de sus mayores reconocimientos en 2007, cuando recibió el Premio Nacional Eugenio Espejo, otorgado por la Presidencia de la República en reconocimiento a su destacada trayectoria cultural y literaria.
Esta distinción, considerada una de las más importantes del país en el ámbito cultural, consolidó su nombre entre los grandes exponentes de la poesía ecuatoriana contemporánea.
Su obra ha sido situada junto a la de escritores de la talla de Jorge Enrique Adoum y Efraín Jara Idrovo, con quienes ha sido reconocido entre las voces poéticas más representativas del Ecuador.
Pero su contribución no se limitó a la creación literaria. También participó activamente en la gestión cultural y llegó a presidir la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas, desde donde contribuyó al desarrollo y promoción de las actividades artísticas y literarias.
Pese a permanecer radicado en Guayaquil durante gran parte de su vida, conservó sus vínculos con Loja y con su entorno cultural. Su relación con la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Loja, es una muestra de esa cercanía que mantuvo con sus raíces.
Loja despide a uno de sus grandes escritores

Tras conocerse su fallecimiento, la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Loja, expresó públicamente su pesar y destacó la importancia de su trayectoria.
“Con profundo pesar despedimos al poeta Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, miembro y amigo de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo de Loja y expresidente del Núcleo del Guayas. Su obra forma parte de la memoria literaria de Loja y del Ecuador. Acompañamos a su familia y seres queridos en este momento”, señaló la institución.
Para Loja, su nombre representa también el talento de aquellos ciudadanos que han alcanzado reconocimiento nacional sin desprenderse de sus orígenes.
El recuerdo de su familia: más allá del poeta, el ser humano
Detrás del escritor reconocido nacionalmente, del magistrado y del académico, estuvo también el hombre de familia, cuya humildad, afecto y cercanía permanecen en la memoria de sus seres queridos. En un emotivo mensaje compartido tras su partida, sus familiares expresaron el dolor que deja su ausencia, pero también el orgullo de haber compartido su vida.
“El lunes 12, nuestro querido Carlos Eduardo escogió su fecha de viaje, doloridos pero reconfortados por su legado y su vida cuya huella trasciende el tiempo y permanecerá en nuestra memoria y en el patrimonio cultural y espiritual de su Loja”, expresaron.
Sus allegados destacaron que, más allá de los reconocimientos recibidos, Jaramillo Castillo honró el nombre de su familia mediante su conducta, su palabra y su trayectoria profesional.
“Carlos Eduardo honró con su palabra y trayectoria profesional el nombre de nuestra familia”, manifestaron.
También recordaron que, pese a los años y a la distancia que los separaba, el escritor conservó el cariño y la cercanía con sus seres queridos.
“Aunque su voz se haya extinguido, el eco de su palabra, de su humildad, de su afecto y cariño que siempre estuvo presente en nuestras vidas pese al tiempo y la distancia seguirá resonando en la memoria de su familia que lo amaremos por siempre”, expresaron en su despedida.
Una despedida íntima y en corto tiempo
Aunque el fallecimiento de Carlos Eduardo Jaramillo Castillo se conoció públicamente el martes 13 de octubre, sus familiares cercanos confirmaron a este medio que su deceso ocurrió la noche anterior, aproximadamente a las 23h00, en la ciudad de Guayaquil.
Su velación y posterior sepelio se realizaron en un corto periodo, en medio de la intimidad familiar. Sus restos fueron velados en el camposanto Jardines de Esperanza, donde sus seres queridos le dieron el último adiós.
La rapidez con la que se desarrollaron las exequias hizo que su despedida transcurriera de manera reservada, mientras en Loja comenzaban a conocerse las primeras expresiones de pesar por la pérdida de uno de sus más reconocidos representantes de la literatura.
Para sus familiares, más allá de la tristeza que deja su ausencia, permanece el orgullo por su trayectoria y el recuerdo de un hombre que, pese a vivir durante más de seis décadas lejos de su ciudad natal, mantuvo el afecto por sus raíces y sus seres queridos.
En su mensaje de despedida expresaron una frase que resume ese sentimiento: “Doloridos, pero reconfortados por su legado y su vida cuya huella trasciende el tiempo y permanecerá en nuestra memoria y en el patrimonio cultural y espiritual de su Loja”.
Desde nuestro medio de comunicación expresamos nuestra más sentida nota de pesar y solidaridad a su querido hermano, Jorge Jaramillo Castillo, y a su esposa, Janet Godoy, hermana política del ilustre poeta fallecido, apreciados amigos de nuestra empresa; así como a todos sus familiares y seres queridos. Nos unimos a su dolor ante esta irreparable pérdida, con el reconocimiento y respeto hacia quien dedicó su vida a las letras, la justicia y la cultura ecuatoriana. Paz en su tumba.






