METAFORAS “Tu voz es música para mis oídos"
La música y la voz de nuestros seres queridos estimulan el cerebro, fortalecen la memoria, reducen el estrés y favorecen el bienestar emocional. Desde los primeros días de vida, la comunicación afectiva y los sonidos contribuyen al desarrollo cerebral y fortalecen los vínculos humanos.

Si alguna manifestación es esperada con infinita emoción, son los primeros sonidos que emite un bebé a sus pocos días de nacido y, a partir de ahí, la floreciente emisión de estos en función de un cuasi diálogo con sus cuidadores, hasta llegar a manifestar su voluntad hacia las acciones u objetos que le rodean o requiere. La ciencia reporta que esa emoción se multiplica miles de veces en el cerebro del bebé si es correspondida: es la puerta para recibir aquello que, en su sistema nervioso en franco proceso de desarrollo, lo llevará a ser y hacer en su vida adulta todo de lo que sea capaz. La cálida voz de sus seres cercanos, el articulado lenguaje que le muestran al contarle algo, las pausas para esperar su respuesta, la gestualidad al hablar, entre otras, son todas manifestaciones que graban en lo más íntimo de su ser a quienes le rodean: qué le enseñan, a dónde lo llevan, qué esperan que haga y hasta dónde puede llegar. La música es entendida por todos como el lenguaje universal que, según la Real Academia Española (RAE), se define como la melodía, el ritmo y la armonía; la sucesión de sonidos modulados para recrear el oído; el concierto de instrumentos o voces (o de ambos a la vez); el arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos para producir deleite y conmover la sensibilidad (ya sea de forma alegre o triste); o simplemente el sonido grato al oído. Sobre cómo la música influye en el funcionamiento y la salud del cerebro, el Consejo Mundial sobre la Salud Cerebral (GCBH, por sus siglas en inglés), en su investigación sobre «El gran potencial de la música para promover la salud cerebral y el bienestar mental», sugiere que esta es una poderosa manera de estimular el encéfalo, ya que afecta a diferentes regiones, entre ellas las involucradas en la audición, el movimiento, la atención, el lenguaje, las emociones, la memoria y las habilidades de razonamiento. A través de ella, las personas evocan recuerdos y emociones significativas que promueven el bienestar mental, mientras que escuchar una melodía colabora con el control del estrés, señala la entidad. Tocar música, cantar o bailar en grupo son buenas maneras de fortalecer las relaciones sociales y reducir la soledad, lo cual resulta benéfico para la salud cerebral; ayuda a mejorar la calidad y la duración del sueño —factor determinante para la salud del sistema nervioso— y puede optimizar el movimiento en pacientes con enfermedad de Parkinson y accidente cerebrovascular, incluyendo mejoras en su capacidad para caminar y hablar. Si la voz de un familiar, amigo o persona cercana es un símil de la música —no solo por lo agradable de su sonido al anunciar su llegada o la cercanía de su presencia, sino porque despierta desde las entrañas todo lo que la música provoca—, bien por quienes le confieren esta capacidad y bien por quien tiene cerca a alguien cuya presencia y voz pasan de lo físico a despertar emociones que revitalizan el cuerpo y la mente ajenos. Hable más con o a quien le provoca ese terapéutico beneficio: su cerebro se lo agradecerá. (O)





