Paúl Palacio Collmann: una vida dedicada a la escultura, el arte y sus raíces lojanas
El escultor y muralista ecuatoriano, distinguido con el Premio Nacional Eugenio Espejo 2026, regresó a Loja para reencontrarse con sus recuerdos, sus raíces familiares y algunas de las obras que forman parte del patrimonio artístico de la ciudad.

Hay artistas cuya historia permanece escrita en los libros y otros que dejan su legado en las plazas, monumentos y espacios públicos. Este último es el caso de Paúl Amadeus Palacio Collmann, escultor y muralista ecuatoriano que, durante más de seis décadas, ha dedicado su vida a transformar materiales como el bronce, la resina y la fibra de vidrio en obras que hoy se encuentran en diferentes ciudades del Ecuador y Estados Unidos.
Su reciente visita a Loja tuvo un significado especial. No solamente representó el retorno a una ciudad estrechamente vinculada con sus raíces familiares, sino también la oportunidad de reencontrarse con los recuerdos de su juventud y con algunas de las esculturas que él mismo elaboró décadas atrás.
Acompañado de su hijo, Daniel Alexander Palacio Sarmiento, el reconocido artista recorrió espacios de la ciudad y compartió parte de su historia, marcada por una tradición familiar que ha trascendido generaciones.
“Felizote, realmente, aunque un poco perdido porque mi Lojita era chiquita, ahora la veo grande, está muy linda”, expresó con emoción al referirse a los cambios que encontró durante su visita. Entre los recuerdos que conserva están las jornadas de su niñez, cuando disfrutaba de los ríos y de una ciudad mucho más pequeña. “Lindísimos, nadando en los ríos del Malacatos, cuando era muchacho”, recordó entre sonrisas.
El arte, una herencia familiar que marcó su destino

La historia de Paúl Palacio Collmann está profundamente relacionada con una familia de artistas. Su padre, Daniel Elías Palacio Vélez, fue escultor de origen lojano, mientras que su madre, Eve Marie Collmann, de ascendencia alemana, también cultivó la escultura y la pintura.
En su entorno familiar, las expresiones artísticas estuvieron presentes desde sus primeros años. Su padre, además de dedicarse a las artes plásticas, estuvo vinculado con actividades teatrales en Loja, lo que permitió que el pequeño Paúl creciera rodeado de distintas manifestaciones culturales.
Su vínculo con el arte también comprende a su familia paterna, en la que destaca Alfredo Palacio, hermano de su padre y también escultor. Asimismo, el maestro reconoció su parentesco con el escritor lojano Pablo Palacio, otra de las figuras representativas de la cultura ecuatoriana.
“Yo ya soy el tercero haciendo escultura”, manifestó, al explicar que su vocación artística nació de una tradición que venía de generaciones anteriores. Desde muy pequeño comenzó a experimentar con las formas y los materiales. Aunque no recuerda con exactitud cuál fue su primera creación, asegura que el interés por la escultura surgió de manera natural y terminó convirtiéndose en el propósito de su vida.
“Mi vida con la escultura siempre ha sido una vida feliz. En momentos difíciles yo siempre pensé que era un hombre feliz todavía haciendo estas cosas. Entonces continué, continué y he de seguir continuando”, expresó.
De las aulas de Bellas Artes a una trayectoria internacional

Su formación académica comenzó en la Escuela de Bellas Artes de Guayaquil, donde estudió entre 1958 y 1961, especializándose en escultura. Posteriormente, entre 1965 y 1970, recibió una beca cultural del Gobierno de Estados Unidos, experiencia que le permitió ampliar sus conocimientos artísticos en ciudades como Washington, Nueva York, Chicago, San Francisco, Los Ángeles y Miami, además de Pensilvania.
Aquella etapa fue determinante para consolidar su formación y desarrollar un estilo contemporáneo que incorporó en sus esculturas, bustos, monumentos y murales. Su trayectoria también estuvo vinculada con la docencia. Entre 1970 y 1974 ejerció como profesor en la Academia de Arte de la Universidad de Cuenca y, posteriormente, entre 1976 y 1982, impartió sus conocimientos en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Vicente Rocafuerte, en Guayaquil.
Con el transcurso de los años, su producción artística se extendió por diferentes provincias ecuatorianas, entre ellas Loja, Azuay, Guayas, Tungurahua y Santa Elena. También desarrolló obras en Estados Unidos, donde su trabajo alcanzó espacios vinculados con instituciones y personajes históricos, como el busto de Jacqueline Kennedy, para la Biblioteca John F. Kennedy, y del general Joseph H. Stilwell, para la Academia Militar de West Point.
Las esculturas que forman parte de la historia de Loja
Una de las particularidades de la visita del maestro fue su reencuentro con obras que permanecen en la ciudad y que, para muchos ciudadanos, forman parte del paisaje cotidiano, aunque no siempre se conoce quién fue su creador. Entre ellas destaca el busto de Manuel Carrión Pinzano, ubicado en la plazoleta de Santo Domingo, una de las esculturas que el artista confirmó haber elaborado.

También es autor de un retrato escultórico de José Rodríguez Witt, situado en las inmediaciones de la Clínica San Agustín en Loja. Estas creaciones corresponden a sus primeras décadas de producción artística y reflejan su interés por representar a personajes vinculados con la historia y la identidad de las comunidades.
En su recorrido, por el Teatro Bolívar, el escultor también recordó una composición alegórica dedicada a las artes, cuyas figuras identificó como Las Musas, obra que, según la referencia compartida durante la entrevista, data de 1989.

Para Paúl Palacio Collmann, cada escultura representa un nuevo desafío creativo. Su principal motivación, asegura, no ha sido la búsqueda de reconocimientos, sino la posibilidad de seguir dando forma a sus ideas. “Que voy a hacer una nueva obra, y eso me motiva a hacer lo que sea, con tal de hacerla”, manifestó al explicar qué lo inspira.
Su producción incluye también el monumento a La Madre, en Cuenca; una alegoría a Cumandá, incorporada al monumento a Juan León Mera, en Ambato; y un retrato de Neptalí Sancho acompañado de un mural en bajorrelieve. En Estados Unidos, entre las obras registradas en su trayectoria constan bustos de Jacqueline Kennedy y del general Joseph H. Stilwell.
El artista destacó que gran parte de su trabajo ha comprendido no solamente la concepción y el diseño, sino también la ejecución material de las piezas, incluidos los procesos de fundición en bronce.
El Premio Eugenio Espejo, un reconocimiento a toda una vida
Su extensa trayectoria recibió uno de los reconocimientos más importantes del ámbito cultural ecuatoriano: el Premio Nacional Eugenio Espejo 2026, en la categoría de Artes Plásticas.

La distinción representa un reconocimiento a décadas de dedicación a la escultura y el muralismo, disciplinas mediante las cuales ha contribuido al patrimonio artístico del Ecuador. Detrás de este reconocimiento también estuvo el acompañamiento de su familia, particularmente de su hijo menor, Daniel Alexander Palacio Sarmiento, quien explicó que durante los últimos años ha colaborado en la difusión y promoción del trabajo de su padre.
Según relató, alcanzar esta distinción requirió un proceso de gestiones y postulaciones. La candidatura del escultor fue presentada en tres ocasiones, hasta conseguir el reconocimiento. “Era la tercera postulación. Pero para llegar a eso hay que hacer muchas gestiones, muchos reconocimientos, los cuales él no se ha dedicado porque el artista solo ve el arte”, explicó.
Para la familia, el premio constituye también una oportunidad para que nuevas generaciones conozcan al escultor y comprendan la importancia de preservar y valorar su legado.
Loja, una ciudad que permanece en la memoria familiar
Aunque Paúl Amadeus Palacio Collmann se encuentra radicado en Salinas desde hace varias décadas, el vínculo con Loja se ha mantenido presente en su familia. Considera que las instituciones deben involucrarse más en la difusión de la trayectoria de los artistas ecuatorianos, cuyas obras forman parte de la memoria colectiva y merecen ser conocidas por las nuevas generaciones.
A sus más de ocho décadas, mantiene viva su pasión por crear

El paso del tiempo no ha logrado apartar a Paúl Palacio Collmann de la actividad que ha definido su existencia. Actualmente continúa vinculado con la escultura y, particularmente, con la elaboración de bajorrelieves y murales, una de las especialidades que ha desarrollado durante su extensa carrera.
Al preguntarle si todavía mantiene el entusiasmo por trabajar, respondió sin vacilar: “Todavía, todavía, gracias a Dios”. Su testimonio refleja una vida dedicada a una profesión que también ha conocido dificultades, pero que nunca dejó de proporcionarle satisfacción personal.
A quienes desean incursionar en la escultura les dejó un mensaje sencillo, nacido de su propia experiencia: “Que no se rindan nunca, nunca se rindan. Y bueno, a la larga, a la larga se da”.
Hoy, Paúl Palacio Collmann continúa siendo testimonio de esa tradición. Un escultor que ha llevado su obra más allá de las fronteras ecuatorianas y que, después de tantas décadas, todavía encuentra en el arte una razón para seguir creando.







