El Acceso al Agua Potable en Loja como Pilar de la Justicia Climática
La adaptación de un sistema de agua potable debe proteger todo el recorrido del agua, desde las microcuencas hasta los hogares, y asegurar que el servicio resista tanto el estiaje como las lluvias intensas que podría generar el cambio climático.

En enero de 2024, cerca del 60 % de la ciudad de Loja (103 barrios, según el Municipio) permaneció varios días sin agua por daños de tubería. Ese episodio mostró cuánto depende una infraestructura como el sistema de agua potable que suele pasar inadvertida hasta que deja de funcionar. No fue el único aviso. Durante el estiaje de septiembre del 2024, el Municipio reportó que Pucará recibía menos agua de la habitual y que Curitroje-Chontacruz había bajado de 53 a 32 litros por segundo. Hubo restricciones en sectores del suroccidente. En 2025, el problema cambio a forma: las lluvias y los movimientos de tierra afectaron redes y conducciones del sistema. Un informe de UMAPAL citado en una resolución municipal de emergencia registró promedios de siete daños diarios en redes de distribución y tres semanales en las conducciones principales durante marzo y abril.
Estos episodios no permiten atribuir cada daño al cambio climático, pero si revelan que el abastecimiento está expuesto a amenazas (estiaje, lluvias intensas e inestabilidad del terreno) cuyos riesgos pueden agravarse con el cambio climático. El Banco Mundial advierte que los riesgos de sequía e inundación en Ecuador podrían aumentar por lo que adaptarse significa preparar los servicios esenciales para esas presiones. El agua es un derecho humano fundamental e irrenunciable, reconocido por la Constitución ecuatoriana. Por eso, garantizar un servicio continuo, seguro y equitativo no es un beneficio adicional de la adaptación climática, es una de sus obligaciones centrales. Cuando hay racionamientos o daños en las captaciones, priorizar a los barrios más expuestos y con menos capacidad de almacenamiento ayuda a proteger ese derecho.
Aquí aparece el tema de justicia climática. Ecuador debe reducir sus emisiones y adaptarse, aunque su contribución anual a las emisiones mundiales sea pequeña (EDGAR para 2022 la sitúa cerca del 0,14 %). Ese dato no mide la responsabilidad histórica ni exime al país de actuar. El Acuerdo de París dispone que todos los países participen en la respuesta climática, reconoce sus distintas capacidades y asigna a los países desarrollados un papel de liderazgo y apoyo.
En Loja, adaptarse exige cuidar las microcuencas; monitorear caudales y calidad; mantener captaciones, conducciones, plantas y reservas; y reparar daños antes de que se conviertan en emergencias. Es una tarea de equipos diversos de especialistas en Ingeniería ambiental, Geotecnia, Ingeniería civil (Infraestructura), operación y calidad del agua, junto con los trabajadores que mantienen y reparan el sistema. El Municipio ha informado que Carigán y Pucará están interconectadas y que dispone de captaciones de respaldo, además estudia una variante para la conducción en El Chirimoyo. Estas medidas pueden fortalecer el sistema, pero la ciudadanía necesita conocer su presupuesto, cronograma, capacidad y barrios beneficiados.
La transición climática de Loja será real cuando el agua siga llegando durante el estiaje y después de una lluvia intensa. También debe medirse en la calidad del agua, la continuidad del servicio y la rapidez con que se atienden las fallas.





