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Meses de espera y gastos particulares: familia denuncia dificultades para acceder a tratamiento contra el cáncer

Una paciente de 80 años permanece a la espera de atención oncológica mientras su familia costea sus gastos

Detrás de las cifras de la deuda que mantiene el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) con la Sociedad de Lucha Contra el Cáncer (SOLCA) existen pacientes que esperan una autorización, una consulta o el inicio de un tratamiento. Para sus familias, cada día que transcurre representa incertidumbre, gastos y, principalmente, preocupación por el avance de una enfermedad en la que el tiempo puede ser determinante. Una de estas historias es la de la madre de la Dra. Janeth Bustamante, una mujer de 80 años que actualmente enfrenta un cáncer avanzado y cuyo tratamiento, según relata su hija, ha atravesado meses de espera y dificultades para acceder oportunamente a los servicios requeridos

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Bustamante explicó que el proceso comenzó en enero, cuando una consulta particular con un dermatólogo levantó la sospecha de una lesión cancerígena. Su madre ya tenía un antecedente oncológico: en 2021 había sido diagnosticada con cáncer de recto, que fue extirpado y posteriormente controlado durante dos años. Tras detectar la nueva lesión, acudieron al Hospital del Día del IESS, donde nuevamente se estableció la sospecha de cáncer y se recomendó una biopsia. Sin embargo, de acuerdo con su testimonio, este procedimiento tuvo que realizarse de manera particular debido a que no estaba disponible en el Seguro Social. El resultado confirmó el diagnóstico. A partir de entonces comenzó, según relata, una carrera contra el tiempo.

Consultas y exámenes tardaron meses La hija de la paciente asegura que conseguir una consulta con Oncología podía tomar uno o dos meses. Finalmente logró una cita para abril. Posteriormente se solicitaron estudios de tomografía, pero afirma que nuevamente enfrentaron demoras tanto para realizar los exámenes como para obtener sus respectivos informes. “Mientras tanto la lesión iba avanzando”, relata Bustamante, quien sostiene que en varias ocasiones pidió agilizar los procedimientos porque consideraba que su madre todavía tenía posibilidades de recibir un tratamiento con intención curativa.

La situación se volvió aún más preocupante cuando, al intentar conseguir una nueva consulta en julio, asegura que le indicaron que existiría disponibilidad recién para noviembre. “Le dije a la señorita que si esperaban que la trajera cuando ya estuviera muerta, porque de julio a noviembre no se entiende, y se trata de algo tan urgente como un cáncer”, expresó. Según el relato de Bustamante, inicialmente la lesión se encontraba localizada en la piel; sin embargo, con el transcurso de los meses avanzó hacia el conducto anal.

La paciente comenzó además a experimentar intenso dolor y dificultades para evacuar. Posteriormente requirió una ileostomía, procedimiento que permitió desviar el tránsito intestinal ante las complicaciones que presentaba. “Mi mamá no puede viajar”

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La familia esperaba que el tratamiento oncológico pudiera realizarse en Loja. Bustamante señala que finalmente existió una autorización para recibir atención en Guayaquil, alternativa que, según explica, resulta prácticamente imposible por las condiciones actuales de su madre. La paciente no puede permanecer sentada ni acostada boca arriba durante períodos prolongados debido al dolor que le provoca la ubicación del tumor. “Mi mamá no puede sentarse, no puede viajar”, sostiene la médica, quien afirma haber presentado por escrito esta condición ante las instituciones correspondientes.

A la dificultad física se suma el costo que representaría trasladarse y permanecer en Guayaquil durante el tiempo necesario para cumplir el tratamiento. De acuerdo con Bustamante, el tumor actualmente obstruye aproximadamente el 90 % del conducto anal y estaría generando además presión que dificulta otras funciones fisiológicas. Morfina para controlar el dolor El deterioro de la paciente también ha obligado a incrementar progresivamente el tratamiento para controlar el dolor.

Bustamante explica que su madre comenzó recibiendo morfina cada 12 horas; posteriormente el intervalo disminuyó a ocho, seis y actualmente cuatro horas, acompañada de otros medicamentos analgésicos. También ha perdido considerablemente peso. Para la familia, uno de los aspectos más dolorosos es considerar que la situación pudo haber sido distinta. Bustamante sostiene que inicialmente existían posibilidades de aplicar un tratamiento con intención curativa, pero asegura que las sucesivas demoras coincidieron con el avance de la enfermedad. Actualmente, afirma, la prioridad ya no sería únicamente combatir el cáncer, sino conseguir un tratamiento que permita aliviar el dolor y ofrecer mejores condiciones a la paciente.

Familia ha tenido que pagar tratamientos

Ante la espera, la familia decidió asumir parte de la atención con sus propios recursos. Bustamante señala que pagaron particularmente la biopsia y posteriormente una primera sesión de quimioterapia en SOLCA, con la expectativa de que después se concretara la autorización correspondiente. La familia también tuvo que costear el procedimiento de simulación previo a radioterapia, luego de que médicos recomendaran esta alternativa como una posibilidad para reducir el dolor y controlar localmente la enfermedad. “Yo ya no sé qué hacer. Me he cansado de golpear puertas”, expresó. Aunque no precisó el monto total que hasta el momento ha desembolsado la familia, insistió en que son gastos que han debido asumir mientras buscan una respuesta para continuar el tratamiento. Limitaciones de atención en SOLCA

Bustamante señaló además que, según la información que habría recibido, SOLCA Núcleo de Loja estaría priorizando actualmente el ingreso de niños y mujeres en edad fértil frente a las restricciones existentes para incorporar nuevos pacientes derivados. Esta situación se produce en medio de la deuda que mantiene el IESS con SOLCA, problemática sobre la cual este medio ha informado anteriormente y que ha generado limitaciones para la recepción de nuevos pacientes. Mientras las instituciones buscan soluciones financieras y administrativas, las consecuencias recaen sobre personas que enfrentan enfermedades que no pueden esperar. Para Bustamante, además de médica, esta vez el problema tiene el rostro de su propia madre. “La salud es un derecho al que todos tenemos que poder acceder, más aún cuando son afiliados que han pagado toda su vida para eso”, cuestionó. La familia esperaba conocer una respuesta de la comisión que analizaría la posibilidad de autorizar la radioterapia. Bustamante anticipó que, de no encontrar una solución, analiza recurrir a acciones legales para exigir la atención.

Su pedido ahora es concreto: conseguir al menos un tratamiento que permita aliviar el dolor de su madre. El caso genera cuestionamientos sobre las consecuencias humanas de la crisis que atraviesa la atención oncológica. Mientras persiste la deuda entre el IESS y SOLCA y se restringe el ingreso de determinados pacientes, hay familias que esperan, buscan alternativas y recurren a sus propios recursos para evitar que sus seres queridos interrumpan o posterguen tratamientos frente a una enfermedad en la que cada semana puede resultar decisiva.

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