Jueves, 8 de octubre de 2026
Edición digital
Ecotel Press

Información veraz, al instante

ClimaPresentado por GO MOTORSLoja 19 °C 🌦️ LloviznaQuito 13 °C 🌧️ LluviaGuayaquil 27 °C 🌧️ LluviaCuenca 17 °C 🌧️ LluviaMET NorwayDivisasEuro/dólar 1,1186 ▲ +0,08 % (cierre 08/10)Brent 125,44 USD/barril ▼ −0,06 % (cierre 06/10)BCE y EIASismosÚltimo sismo M 4,3 23 km al este de Palora hace 30 hUSGS, referencial
Publicidad
Publicidad
‹ Portada
Opinión (O)

AMORES ¡Libertad! EL ANIMALISMO NO PROTEGE, DEPREDA

El texto cuestiona al animalismo por atribuir derechos a los animales sin obligaciones correlativas y defiende su protección sin prohibir actividades tradicionales como la tauromaquia, la cetrería y las peleas de gallos, cuya desaparición, según esta postura, amenaza la conservación de razas y la identidad cultural.

Orlando Amores Terán
Orlando Amores Terán

En el animalismo, no son los animales los que suben a la escala de los valores humanos, sino las personas, las que bajan a la escala de los animales, porque limitan el derecho no a la proporcionalidad con las obligaciones, como es normal en las relaciones humanas, sino al nivel básico de los sentimientos. Por el hecho de que un animal es un ser sintiente, el animalismo propicia que asuma derechos.

Lo cual es una aberración jurídica, porque los derechos no surgen de los sentimientos, sino de la correlación de obligaciones establecidas en el contrato, en el tratado o en la ley.

Los animales no pueden tener derechos, porque no pueden adquirir obligaciones correlacionadas. Ello no significa que los humanos estemos exentos de deberes tutelares en el trato para con los animales, dependiendo de su estado ya sean mascotas, de granja o en su estado natural; a los últimos habrá que respetar su entorno, los de granja requieren de nuestros cuidados, las mascotas tendrán un trato individualizado.

Publicidad
Publicidad

Pero de ahí a prohibir su utilización según su funcionalidad y naturaleza, es una estupidez, porque al impedirlo se pone en peligro su propia existencia, porque al dejar de ser utilizados según su funcionalidad, razas de animales espléndidos se extinguirán.

Tal el caso de las aves de rapiña utilizadas para cazar, que prosperan a través de la cetrería o los gallos de riña, que pertenecen a varios encastes, dependiendo de la modalidad de las peleas o los caballos de polo, seleccionados para ese juego en particular o los perros de cacería, cuyas razas tienen usos específicos, según sus presas o los toros de lidia, cuyos encastes mantienen las hechuras más bellas de ese formidable animal, cuyo temperamento es la disposición para la lucha.

Permitir que el animalismo con sus aberraciones, dicte lo que es correcto, es despreciar miles de años de especialización, para lograr animales excepcionales que nos permiten satisfacer nuestras costumbres, nuestros usos y cultura.

Permitir que el animalismo interfiera en nuestras tradiciones, es dejar que la estupidez destruya nuestra identidad.

Publicidad
Anuncia aquí
098 342 7182
Contáctanos
Publicidad
Publicidad