Basura
La importante labor de los recicladores y el llamado a mantener limpia la ciudad de Loja, fomentando el respeto, la conciencia ambiental y los valores humanos para construir una sociedad más responsable y solidaria.

Recogen desechos, como si su vida fuera un desecho más, pero no lo es. Lo hacen por necesidad, por sobrevivencia. Los vemos hurgando, abriendo fundas, pero no cualquier funda, son de basura. Su tarea, entre otras, consiste en recoger, clasificar, trasladar los desperdicios, los plásticos, los vidrios, el papel, el metal, los cartones… Luego, los venden a empresas recicladoras. Y así se mantienen para no morirse, para seguir aferrados del camino cada vez más absurdo, más distante, más lejano… Es lo que les permite respirar, lo que les mantiene vivos, aferrados al viento que cada vez que los acaricia les recuerda que son parte intrínseca, vital de los otros, de la vecindad, que les debe mucho, les debe todo. incluso los recicladores lo hacen, en perjuicio de su saludable salud.
Todavía están presentes las imágenes transmitidas durante esta última copa del mundial de fútbol, cuando hinchas japoneses al final del partido recogían los desperdicios que habían dejado en los graderíos los aficionados de otros países que alentaban a sus equipos. Nadie los obligó. Nadie les pagó. Lo hicieron por iniciativa propia, por vocación de limpieza, de sanidad, de bendecida y santa salud. A lo mejor es necesario mirarnos en ese espejo de la limpia limpieza, de la transparente transparencia. Sin duda, el estilo de vida japonés es otra cultura, otra mentalidad, otras miradas de cómo un pueblo desarrollado se mide también por la basura que arrojan los ciudadanos, sea a propósito, por mala educación, por la razón que fuere.
Una ciudad limpia, eleva la autoestima de la ciudadanía. Los habitantes de esta parte de la “mitad del mundo” debemos reconocer y admitir hasta con vergüenza que tenemos ese pésimo hábito de arrojar cualquier desperdicio, cualquier colilla, por el asfaltado asfalto, pues, al hacerlo también estamos demostrando de cómo vamos por el camino, ensuciando las aceras, los bordillos, los parques, las calles, las avenidas de nuestras congestiondas y hasta aburridas ciudades. A lo mejor, esa es la gran diferencia por qué Japón a pesar de no contar con recursos minerales. Sin embargo, cuentan con el mejor recurso que tienen que es el humano, esto es y hace la gran diferencia en su vida y en la vida de la vida.
La basura es sinónimo de pobreza, de miseria, de baja calidad de vida. Pero existe la otra basura, la del cuerpo, la del alma, la basura del corazón, del espíritu. Esa basura que genera odioso odio, rencoroso rencor, resentido resentimiento, esa es la peor de todas las basuras. Y que siempre la hubo, pero que ahora se evidencia más cuando leemos en las redes sociales, mensajes de personas, hasta de “robots”, por así denominarlos, que sin ningún escrúpulo denigran, mancillan el honor, el buen nombre de las personas.
Esa es la otra basura, que intoxica las arterias personales de una sociedad que parece que goza, que disfruta como se envenena el corazón de tanta porquería, de tanta mediocridad, de bajísima autoestima, de una sociedad sin valores, sin principios, que han hecho de la vida una basura, del peor basural, en la que incluye también la basura de los corruptos corruptores de la corrupta corrupción. Tal vez esa es la más grave, hasta la más peligrosa… Es quizás este tipo de basura que nos identifica, como si fuera parte viva del paisaje. Sirve como un insultante insulto, para rebajar al otro, a nuestros semejantes como una basura más, es decir, quien se refiere así a su manera demuestra de lo que está hecho y deshecho por dentro y por fuera, como si no tuviéramos arreglo, peor solución… Será esta nuestra realidad, un cúmulo acumulado de tanta crueldad, de tanta miserable miseria. Pero también existe la otra basura, que es por la forma cómo nos expresamos, cómo denigramos a los demás. Y lo peor es que ya no nos sorprendemos. Ya no nos indignamos. Es algo normal, natural en la montaña inmensa de la basura que nos inunda el alma, la esencia de la dignidad humana.
La basura con olores nauseabundos donde los güishcos, los gallinazos, las aves de rapiña son parte nauseabunda del paisaje, del antipaisaje, de todo aquello que corrompe a la razón, al sentido común y que vomita desolada desolación, insensibilidad, insalubridad, enfermedad, maldad... Es necesario realizar campañas de sensibilización a través de los diferentes medios de comunicación, de las redes sociales, a fin de que no arrojemos los desperdicios por la ventana del vehículo, cigarros, chicles, cáscaras de frutas…Ni en ningún lugar de la ciudad. Y en vez de arrojarlas en las calles…, es necesario que llevemos una funda pequeña adicional, y ahí coloquemos los desperdicios que iban a ensuciar a la ciudad, esa funda pequeña debe ser como nuestro pañuelo, nuestra billetera, nuestra cartera, otra parte inseparable de nuestro cuerpo. Y cuando lleguemos a la casa no la pongamos en el tacho de la basura, sino que llamemos a alguna persona recicladora Y cuando llegue le entreguemos esa funda especial como si se entregara una encomienda, una carta…Y así todos aportamos a no ensuciar más a la ciudad de Loja o a cualquier otra ciudad. Esta es la iniciativa, esta es la propuesta Y así tengamos un mundo más limpio, más sano tanto del cuerpo, la mente, el espíritu. ¿Será tanto pedir? (O)






